Bienaventuranza del perdón divino y confesión de pecados. El salmista describe su angustia antes de confesar sus iniquidades a Jehová, quien las perdonó, y exhorta a los justos a confiar en Dios como refugio ante las adversidades.
Resumen educativo · Reina-Valera 1909 · Revisado por el equipo editorial de Ministerios Online. ¿Error u omisión?Repórtalo — revisamos todos los reportes.
Bienaventurado aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados.
Bienaventurado el hombre a quien no imputa Jehová la iniquidad, Y en cuyo espíritu no hay superchería.
Mientras callé, envejeciéronse mis huesos En mi gemir todo el día.
Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; Volvióse mi verdor en sequedades de estío. (Selah.)
Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones a Jehová; Y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Selah.)
Por esto orará a ti todo santo en el tiempo de poder hallarte: Ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas a él.
Tú eres mi refugio; me guardarás de angustia; Con cánticos de liberación me rodearás. (Selah.)
Te haré entender, y te enseñaré el camino en que debes andar: Sobre ti fijaré mis ojos.
No seáis como el caballo, o como el mulo, sin entendimiento: Con cabestro y con freno su boca ha de ser reprimida, Para que no lleguen a ti.
Muchos dolores para el impío; Mas el que espera en Jehová, lo cercará misericordia.
Alegraos en Jehová, y gozaos, justos: Y cantad todos vosotros los rectos de corazón.
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