La serpiente, más astuta que los animales, cuestiona a la mujer sobre la prohibición divina de comer del árbol del conocimiento. Ella responde recordando el mandato de Dios, pero la serpiente la tienta asegurándole que no morirá, sino que obtendrá sabiduría y se volverá como Dios. Tentada por la belleza y utilidad aparente del fruto, la mujer come y también da al hombre, quien igualmente come. Ambos descubren su desnudez y se cubren con hojas. Al escuchar a Dios en el huerto, se esconden. Dios interroga al hombre, quien culpa a la mujer; ella culpa a la serpiente. Las consecuencias se despliegan: la serpiente es maldita a arrastrarse y comer polvo; entre ella y la mujer habrá enemistad perpetua. La mujer sufrirá dolor en el parto y será sujeta a su marido. El hombre enfrentará trabajo arduo y penoso para sustentarse hasta la muerte. Dios viste a ambos con pieles y los expulsa del Edén, guardando el árbol de la vida con querubines y una espada flamígera.
¿Sabías que?
Resumen educativo · RVR1960 · Revisado por el equipo editorial de Ministerios Online. ¿Error u omisión?Repórtalo — revisamos todos los reportes.
EMPERO la serpiente era astuta, más que todos los animales del campo que Jehová Dios había hecho; la cual dijo á la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?
Y la mujer respondió á la serpiente: Del fruto de los árboles del huerto comemos;
Mas del fruto del árbol que está en medio del huerto dijo Dios: No comeréis de él, ni le tocaréis, porque no muráis.
Entonces la serpiente dijo á la mujer: No moriréis;
Mas sabe Dios que el día que comiereis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como dioses sabiendo el bien y el mal.
Y vió la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable á los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dió también á su marido, el cual comió así como ella.
Y fueron abiertos los ojos de entrambos, y conocieron que estaban desnudos: entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.
Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto al aire del día: y escondióse el hombre y su mujer de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.
Y llamó Jehová Dios al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
Y él respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y escondíme.
Y díjole: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses?
Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dió del árbol, y yo comí.
Entonces Jehová Dios dijo á la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.
Y Jehová Dios dijo á la serpiente: Por cuanto esto hiciste, maldita serás entre todas las bestias y entre todos los animales del campo; sobre tu pecho andarás, y polvo comerás todos los días de tu vida:
Y enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar.
A la mujer dijo: Multiplicaré en gran manera tus dolores y tus preñeces; con dolor parirás los hijos; y á tu marido será tu deseo, y él se enseñoreará de ti.
Y al hombre dijo: Por cuanto obedeciste á la voz de tu mujer, y comiste del árbol de que te mandé diciendo, No comerás de él; maldita será la tierra por amor de ti; con dolor comerás de ella todos los días de tu vida;
Espinos y cardos te producirá, y comerás hierba del campo;
En el sudor de tu rostro comerás el pan hasta que vuelvas á la tierra; porque de ella fuiste tomado: pues polvo eres, y al polvo serás tornado.
Y llamó el hombre el nombre de su mujer, Eva; por cuanto ella era madre de todos lo vivientes.
Y Jehová Dios hizo al hombre y á su mujer túnicas de pieles, y vistiólos.
Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de Nos sabiendo el bien y el mal: ahora, pues, porque no alargue su mano, y tome también del árbol de la vida, y coma, y viva para siempre:
Y sacólo Jehová del huerto de Edén, para que labrase la tierra de que fué tomado.
Echó, pues, fuera al hombre, y puso al oriente del huerto de Edén querubines, y una espada encendida que se revolvía á todos lados, para guardar el camino del árbol de la vida.